EL central del atletic

Se están dando los pasos, las señales y las respuestas adecuadas para pensar que el Atlético de Madrid es el candidato más claro para ganar la Europa League. Su salud como equipo, la inexperiencia de muchos de sus rivales y la contundencia con la que supera sus compromisos están construyendo un escenario de superioridad y favoritismo que además está acompañando con un estilo muy definido y consecuente con su jerarquía. Los rojiblancos están atacando muy arriba, con muchos hombres y defendiendo hacia delante. Y en ese plan, está sumando y de qué manera, José María Giménez. El charrúa encaja a las mil maravillas con lo que está pasando en estos momentos.
La cuestión primaria estriba en una actitud y una posición, desde la que los jugadores y el bloque entienden los partidos en una sola mitad del terreno. Simeone ha comprendido esta temporada, más que nunca, lo que ha ido perdiendo, y cómo debía poner en valor la mayor calidad de su plantilla. No ha sido algo inequívoco en cada partido que los rojiblancos han disputado ante alguien de inferior calidad individual, pero sí ha sido el curso donde con más continuidad se ha podido comprobar. El Atlético abre a sus dos laterales a la misma altura y por delante de la línea que tiene el balón. Si la tienen los centrales, abren cinco metros más arriba; si la tienen los centrocampistas, cinco metros más. Los hombres de banda fijan por dentro, Griezmann baja a la mediapunta y los pivotes achican cuando sueltan la pelota. Todos mantienen las líneas muy juntas, empujando y estrechando.
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En esta idea tienen un potencial mayor los centrales más jóvenes del plantel. Si bien la experiencia de Godín y el sensacional timing en la anticipación de Savic pesan aún con claridad, Giménez y Lucas llevan a cabo, con su potencia y su agresividad, la otra parte del plan: piernas para recuperar metros hacia Oblak, agresividad para recuperar arriba y no dejar transitar al apoyo más adelantado. Sucede que todo lo que hace su equipo con la pelota, por las características de sus jugadores y el sistema ofensivo que se configura en cada costado, el central derecho es estructural.
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Sin entrar en las virtudes del rival, sólo mirando a las filas colchoneras, el Atlético 2017-2018 construye ataques de dos maneras, más una adicional pero a la vez capital, relacionada con la libertad de su estrella, Antoine Griezmann. La primera sucede en el carril izquierdo. Allí, Filipe y Koke colocan a los diez compañeros. Cada jugador sabe dónde tiene que estar cuando estos dos futbolistas se asocian. Como su naturaleza es avanzar juntos y darle soporte al balón, sin rupturas ni incursiones individuales, a nivel posicional el Atlético se asienta. Cuando el Atlético ataca por izquierda, sus jugadores basculan. Su imán, Griezmann, cae hacia allí, Costa tiende a romper también hacia ese lado, y es Vrsaljko quien siempre aparece al espacio.
Si el rival recupera en esa zona, lo hará rodeado, e intentará sacar la pelota en un primer apoyo y derivar el juego hacia una zona vacía, la del lado contrario, el derecho. Si el Atlético decide atacar por la derecha, la idea no es juntarse, sino verticalizar. Ángel Correa siempre tira un desmarque a espaldas de la zaga rival, entre lateral y central cuando Juanfran o Vrsaljko fijan con la pelota. Thomas, pivote derecho, sube posición para cerrar el triángulo, pero si es superado, a nivel posicional el escenario es más arriesgado. Correa acaba mucho más arriba que Koke, y su lateral también. Por tanto, las consecuencias de cada tipo de ataque, llevan al central derecho a mezclar lo que tan bien está haciendo el zaguero uruguayo: recuperar metros si el contragolpe rival se deriva hacia su sector, y defender hacia delante cuando el equipo la pierde en la zona del escurridizo argentino. El central diestro de Simeone es el importantísimo José María Giménez.